La cultura occidental siempre se ha caracterizado por su tendencia a
expandirse. Conquistar, ampliar fronteras, descubrir otras culturas… Hasta hace
relativamente poco ese era el objetivo de las principales potencias europeas.
Recordemos a Inglaterra con la India, Francia con numerosas colonias en África.
¿Y España?
Descubrió un nuevo continente
llamado “América” y de allí provienen numerosas cosas que a día de hoy
utilizamos siempre, alimentos sobretodo.
Pero aquella época de ansia expansiva del imperio español está cargada de
violencia, sometimiento, devastación…
Las tribus indígenas veían como personas
venidas des
de dentro del océano les quitaban las cosas, les imponían unas
costumbres, les gobernaban dentro de su propio territorio. Ajenos a comprender
el porqué de aquellas situaciones, aceptaban con resignación lo que les tocaba.
En el pasado el ser humano tenía perfectamente asumido que las cosas pasaban
por una razón. Algo o alguien quería que eso fuese así. Los colonizadores
recibían esa percepción y allá que se iban a conquistar. Los que eran
invadidos, lo achacaban a un castigo divino y nada podían hacer para recuperar
la libertad de la que gozaban. Aterrados veían como un gigantesco objeto
llegaba a la orilla de sus playas, y de ahí bajaban personas como ellos, pero
vestidos diferentes, rasgos distintos, y objetivos malvados y saqueantes.
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